Los Cabos: Sol, mar y naturaleza

Además de la belleza de sus playas y el hermoso contraste que se produce entre el desierto y el mar, esta zona posee una riqueza abrumadora de especies animales relacionadas con el mar, las costas y el desierto. De ahí que las comunidades nómadas de pericúes que habitaban los desiertos y mares que ahora conocemos como Los Cabos, vivieran de la pesca, la caza y la recolección en armonía con el entorno.

La masa de agua que rodea a la península de Baja California experimenta una combinación de corrientes marinas que conduce a fluctuaciones físicas y de temperatura, que han facilitado la existencia de una enorme variedad de especies de reptiles, mamíferos, cactáceas, aves y mamíferos marinos, e incluso algunas endémicas (únicas del lugar). Si bien las más conocidas, difundidas y buscadas son las ballenas, otros atractivos naturales las acompañan compartiendo este delicado y diverso equilibrio biológico.

No obstante, hasta hace unas décadas, el territorio de Baja California permaneció relativamente alejado del resto del país; “aislado”, hermoso y agreste. Quienes realmente redescubrieron el potencial económico de Los Cabos fueron los vecinos del norte. A ellos se les deben muchos de los impresionantes resorts de escenografías faraónicas o ultra elegantes.

Los pioneros
En un saliente de tierra en el extremo de la península, justo en playa Palmilla, existe un enclave de lujo y servicio exorbitante, cuya historia se remonta a la década de los años cincuenta: One&Only Palmilla.

En 1949 la ley de fomento económico del territorio sur de Baja California consideró al turismo como necesario para el desarrollo de la región y promovió el establecimiento de hoteles y servicios complementarios. Fue entonces cuando varios empresarios empezaron a invertir en esta atractiva zona habitada por pescadores que, además de ellos, sólo conocían algunos afortunados.

Inversionistas como Abelardo Rodríguez (hijo del presidente interino del mismo nombre) y Ernesto Coppola (vicepresidente de la línea aérea Transmar de Cortés), fundaron hermosos lugares como el Hotel Palmilla, que contaba con su propia pista de aterrizaje, y los hoteles Hacienda y Finisterra, que compartían la antigua pista aérea de Cabo San Lucas. Estos personajes promocionaban sus hoteles ofreciendo la excelente pesca y la belleza escénica de la zona de Los Cabos. El turismo, mayoritariamente estadounidense, y en menor medida europeo, llegaba a Los Cabos únicamente por mar o por aire.

Palmilla quedó enclavado entre rocas bañadas por el mar y rodeado de palmeras y doradas playas. Y el acceso a la mejor pesca del Mar de Cortés, así como a una de las pocas playas de la región que resulta apta para nadar, debido a las fuertes corrientes. Así, se estableció como el preferido de los célebres de la época, como el escritor Ernest Hemingway, el actor John Wayne o el presidente Dwight Eisenhower, quienes llegaban en aviones y yates privados.

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